La SRT convierte la seguridad tecnológica en requisito operativo para la prevención laboral 4.0

La Resolución SRT 48/2025 formalizó el Ecosistema Prevención 4.0 y exigió que las tecnologías aplicadas a seguridad laboral operen con gestión de riesgos, trazabilidad completa, registros auditables y un responsable de estándares.
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 La seguridad tecnológica dejó de ser un atributo deseable para convertirse en una exigencia operativa explícita dentro del sistema argentino de riesgos del trabajo. Con la Resolución SRT 48/2025, la Superintendencia de Riesgos del Trabajo formalizó el Ecosistema Prevención 4.0 y habilitó el uso de herramientas tecnológicas 4.0 para cumplir obligaciones del régimen, pero bajo una condición central: esas soluciones deben nacer con control, auditoría y gestión de riesgos desde el diseño.

La novedad no está solo en permitir más digitalización. El cambio de fondo es que la norma obliga a empleadores, ART, ART-Mutuales, autoasegurados y prestadores tecnológicos a operar con un estándar técnico mínimo. El artículo 4 exige prácticas efectivas de control interno y gestión de riesgos de tecnología y seguridad de la información. El artículo 5 suma además la figura de un responsable de estándares encargado de supervisar el cumplimiento técnico-normativo de cada solución 4.0.

En la práctica, eso empuja el mercado de tecnología aplicada a seguridad laboral hacia un terreno más exigente. El anexo de la norma pide trazabilidad completa de la información, almacenamiento seguro, auditoría de registros, interoperabilidad, mecanismos de autocontrol y capacidad de respuesta frente a interrupciones como ciberataques o fallas de la cadena de suministro. También incorpora exigencias sobre privacidad, datos biométricos, accesibilidad y portabilidad.

Para los proveedores, el mensaje es claro: ya no alcanza con vender una plataforma que capture datos o automatice reportes. La herramienta tiene que demostrar que soporta auditorías, que preserva la integridad de la información y que puede sostener el cumplimiento regulatorio en tiempo real. Para empleadores y ART, eso cambia el criterio de adopción: la innovación deja de medirse solo por velocidad o comodidad y pasa a evaluarse por robustez operativa.

El giro es relevante porque ordena una zona gris que venía creciendo con sensores, analítica predictiva, plataformas de monitoreo y automatización documental. Desde ahora, la conversación tecnológica en prevención ya no gira solo sobre digitalizar procesos. Gira sobre algo más concreto: si esa tecnología puede resistir auditorías, documentar decisiones y operar con seguridad jurídica y técnica. Ahí está la verdadera vara de la innovación aplicada.
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