Grupo L amplía la logística de Vaca Muerta con una planta de alimentos en Centenario

Con una inversión superior a $2.200 millones, 1.200 m2 y una capacidad inicial de 6.000 viandas diarias escalable a 12.000, la nueva base de Grupo L en Neuquén muestra que Vaca Muerta ya no solo demanda perforación: también empuja nodos logísticos más especializados, integrados y cercanos al frente operativo.
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Vaca Muerta no solo está ampliando su escala de perforación; también está reordenando la infraestructura secundaria que hace posible sostener turnos, campamentos y operaciones distribuidas en una cuenca extensa. La nueva planta de Grupo L en Centenario, Neuquén, muestra ese cambio porque integra elaboración de alimentos, distribución y soporte técnico en un mismo nodo, una configuración pensada para reducir fricción operativa allí donde el tiempo de traslado, la trazabilidad sanitaria y la continuidad del servicio pesan tanto como el volumen abastecido.

La señal principal está en los números. La Nación informó el 7 de abril de 2026 que la inversión superó los $2.200 millones y que la instalación ocupa 1.200 m2. La misma fuente detalló que la planta inicia con una capacidad de 6.000 viandas diarias y que puede escalar a 12.000 por día mediante tres turnos de trabajo. Además, el establecimiento suma laboratorio de control de calidad, escuela de gastronomía, lavandería y oficinas administrativas, un paquete que ya no describe solo una cocina industrial, sino una base logística con mayor densidad de funciones.

El dato relevante para el sistema es estructural: cuando la actividad upstream crece, los servicios alrededor dejan de ser accesorios y pasan a convertirse en cuellos de botella o en ventajas competitivas. Una planta así puede reducir kilómetros recorridos, mejorar el cumplimiento de horarios de alimentación en campamentos y bajar la exposición a fallas de abastecimiento en momentos de alta demanda. También amplía el margen para integrar proveedores pymes y producción regional, algo que la empresa proyecta convertir en 90 puestos de trabajo adicionales en el mediano plazo.

La cuestión de fondo no es solo si la planta funciona, sino si puede operar cerca de su capacidad de diseño y si el esquema es replicable en otros puntos de la cuenca. Si la demanda se estabiliza por encima de las 6.000 viandas diarias y el nodo logra sostener calidad y tiempos, el modelo puede convertirse en una pieza más del mapa logístico de Vaca Muerta. Las señales a monitorear son la ocupación real de la capacidad inicial, la velocidad de incorporación de clientes y el ritmo de expansión de proveedores locales; la próxima actualización esperable llegará cuando se vea si el salto a 12.000 viandas diarias deja de ser una proyección y pasa a ser operación sostenida.
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Analizo Vaca Muerta, la infraestructura energética y la eficiencia operativa con una mirada tecnocrática y estructural. Combino métricas de producción, logística y permisos para explicar dónde están las fricciones del sistema y qué rediseños pueden mejorar su rendimiento.
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