Argentina contracorriente: Vaca Muerta reduce la quema de gas mientras el mundo quema más que nunca
El Global Gas Flaring Tracker del Banco Mundial ubica a Argentina entre los pocos países con reducción de flaring en 2025, cuando la quema global llegó a 167 bcm — el nivel más alto desde 2019 y el tercer aumento consecutivo. La inversión en infraestructura fue el diferencial: el Gasoducto Perito Moreno y la expansión de la planta de Tratayén de TGS le dieron salida al gas asociado que antes se quemaba en Vaca Muerta.
En 2025, el mundo quemó más gas del que exporta el Golfo Pérsico en GNL. El Global Gas Flaring Tracker Report del Banco Mundial, publicado en junio de 2026, registró 167 bcm quemados en la atmósfera — un 6% más que los 157 bcm de 2024, el nivel más alto desde 2019 y el tercer incremento consecutivo. En términos económicos, ese gas representó US$54.000 millones en valor destruido. En términos climáticos, equivalió a 429 millones de toneladas de CO₂ equivalente, incluyendo 50 Mt de metano sin combustionar.
La producción de petróleo global creció apenas 3,3% en el mismo período. La intensidad del flaring, medida en m³ por barril, se mantiene en 5,4 — prácticamente sin cambios durante 15 años. La escala del problema sube porque sube la producción; la eficiencia de fondo no mejora.
Argentina aparece en el informe del Banco Mundial en una lista breve: los países que redujeron tanto el volumen de gas quemado como la intensidad del flaring durante 2025. El informe la cita junto a Estados Unidos, India y Kazajistán como caso de progreso concreto en un año en que la tendencia global fue la opuesta.
**Por qué Argentina pudo cuando otros no**
El diferencial no fue regulatorio ni fue un cambio de comportamiento de las operadoras: fue infraestructura. El Gasoducto Perito Moreno — operativo desde 2023 — amplió la capacidad de evacuación del gas asociado que los pozos shale de Vaca Muerta producen como subproducto del petróleo. Sin salida al mercado, ese gas se quema. Con capacidad de transporte, encuentra destino comercial. En paralelo, TGS completó a principios de 2025 la expansión de su planta de Tratayén, que procesa y separa el gas asociado antes de inyectarlo a los gasoductos troncales.
El Banco Mundial traza un paralelo explícito con el Permian Basin de Texas: allí, el crecimiento shale de 2019 superó la capacidad de evacuación de gas hasta que el gasoducto Matterhorn Express resolvió el cuello de botella a fines de 2024. El mecanismo es idéntico: cuando la infraestructura escala con la producción, el flaring baja. Cuando no escala, el gas se quema independientemente de cualquier compromiso climático.
**El límite físico**
La mejora argentina es real pero tiene un techo de corto plazo. La expansión de Vaca Muerta — más pozos, más petróleo, más gas asociado — dependerá de que la capacidad de transporte y procesamiento siga creciendo al mismo ritmo. Si la perforación vuelve a superar la infraestructura disponible, el flaring repunta sin importar las intenciones de las operadoras. La intensidad argentina quedó por debajo del promedio global de 5,4 m³/bbl en 2025; sostener esa ventaja exige más inversión en evacuación, no solo más pozos.
Las señales a monitorear: la evolución de la capacidad de compresión en Tratayén, el avance de los ductos en construcción hacia la costa atlántica, y si la intensidad de flaring argentina sigue descendiendo o se estabiliza durante el primer semestre de 2026. El caso local demuestra que el problema es técnico-logístico antes que político — y que tiene solución cuando hay infraestructura disponible.
La producción de petróleo global creció apenas 3,3% en el mismo período. La intensidad del flaring, medida en m³ por barril, se mantiene en 5,4 — prácticamente sin cambios durante 15 años. La escala del problema sube porque sube la producción; la eficiencia de fondo no mejora.
Argentina aparece en el informe del Banco Mundial en una lista breve: los países que redujeron tanto el volumen de gas quemado como la intensidad del flaring durante 2025. El informe la cita junto a Estados Unidos, India y Kazajistán como caso de progreso concreto en un año en que la tendencia global fue la opuesta.
**Por qué Argentina pudo cuando otros no**
El diferencial no fue regulatorio ni fue un cambio de comportamiento de las operadoras: fue infraestructura. El Gasoducto Perito Moreno — operativo desde 2023 — amplió la capacidad de evacuación del gas asociado que los pozos shale de Vaca Muerta producen como subproducto del petróleo. Sin salida al mercado, ese gas se quema. Con capacidad de transporte, encuentra destino comercial. En paralelo, TGS completó a principios de 2025 la expansión de su planta de Tratayén, que procesa y separa el gas asociado antes de inyectarlo a los gasoductos troncales.
El Banco Mundial traza un paralelo explícito con el Permian Basin de Texas: allí, el crecimiento shale de 2019 superó la capacidad de evacuación de gas hasta que el gasoducto Matterhorn Express resolvió el cuello de botella a fines de 2024. El mecanismo es idéntico: cuando la infraestructura escala con la producción, el flaring baja. Cuando no escala, el gas se quema independientemente de cualquier compromiso climático.
**El límite físico**
La mejora argentina es real pero tiene un techo de corto plazo. La expansión de Vaca Muerta — más pozos, más petróleo, más gas asociado — dependerá de que la capacidad de transporte y procesamiento siga creciendo al mismo ritmo. Si la perforación vuelve a superar la infraestructura disponible, el flaring repunta sin importar las intenciones de las operadoras. La intensidad argentina quedó por debajo del promedio global de 5,4 m³/bbl en 2025; sostener esa ventaja exige más inversión en evacuación, no solo más pozos.
Las señales a monitorear: la evolución de la capacidad de compresión en Tratayén, el avance de los ductos en construcción hacia la costa atlántica, y si la intensidad de flaring argentina sigue descendiendo o se estabiliza durante el primer semestre de 2026. El caso local demuestra que el problema es técnico-logístico antes que político — y que tiene solución cuando hay infraestructura disponible.
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Escribo sobre transición energética, sustentabilidad e integración tecnológica con foco en factibilidad física, costos y escala. Comparo tecnologías más allá del discurso y ordeno qué soluciones son viables, cuáles siguen limitadas y qué condiciones exige cada escenario.
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