ALMA SADI: 8.335 MW licitados consolidan a Argentina como campo de disputa geopolítica por el almacenamiento eléctrico regional
La apertura de la licitación ALMA SADI reveló que 37 empresas nacionales e internacionales presentaron 235 ofertas por 8.335 MW —doce veces la meta de 700 MW—, con USD 700 millones en juego en la primera fase. La adjudicación, prevista para principios de julio de 2026 con CAMMESA como árbitro, determinará la arquitectura estratégica del SADI y quiénes controlarán su reserva energética.
Cuando la Secretaría de Energía diseñó el programa ALMA SADI fijó como meta 700 MW de almacenamiento para robustecer el Sistema Argentino de Interconexión. Lo que llegó el 27 de mayo de 2026 fue otra cosa: 235 ofertas de 37 empresas por un total de 8.335 MW, doce veces el objetivo original. La cifra no es ruido de mercado; es una señal geopolítica.
El monto en juego en la primera fase asciende a USD 700 millones, destinados a instalar sistemas de baterías en seis regiones: NOA, NEA, Centro, Litoral, Cuyo y Buenos Aires. El cronograma establecido por CAMMESA fija la publicación de resultados técnicos para el 16 de junio de 2026, la apertura de ofertas económicas para el 24 de junio y la adjudicación para principios de julio. El Estado no está administrando una licitación de infraestructura menor; está decidiendo quién controla el nodo de balance del sistema eléctrico nacional.
El precedente inmediato es el programa ALMA-GBA, que en su primera versión circunscripta al área metropolitana adjudicó 713 MW por más de USD 540 millones. La demanda desbordó las expectativas en esa instancia también. Lo que cambió en el salto al ALMA SADI es la escala: el almacenamiento ya no complementa el sistema, lo estructura.
El contexto geopolítico que rodea esta licitación añade densidad estratégica al proceso. En mayo de 2026, el gobierno completó la venta del 50% de CITELEC S.A. —la sociedad que controla TRANSENER con sus más de 12.600 km de líneas de 500 kV— a Genneia S.A. y Edison Transmisión S.A. por USD 356 millones, equivalente al 173% del precio base de USD 206 millones. El capital privado internacional pagó una prima histórica por el backbone de transmisión de alta tensión del país.
Tomados en conjunto, el ALMA SADI y la privatización de TRANSENER revelan un patrón: Argentina está cediendo control sobre dos capas críticas de su sistema eléctrico —transmisión y almacenamiento— en un marco de fuerte apetencia internacional. La pregunta estratégica no es si los inversores vendrán; ya están. La pregunta es con qué condicionantes regulatorios y de soberanía de red definirá el Estado la adjudicación de julio.
Escenarios a monitorear: la distribución regional de los 8.335 MW ofertados determinará si el SADI se balancea o si una sola zona concentra capacidad. El perfil de los adjudicatarios —nacionales versus internacionales— señalará el grado de dependencia tecnológica. Y la velocidad de ejecución post-adjudicación dirá si el programa traduce política energética en infraestructura real o queda como señal de mercado sin cadena de montaje.
El monto en juego en la primera fase asciende a USD 700 millones, destinados a instalar sistemas de baterías en seis regiones: NOA, NEA, Centro, Litoral, Cuyo y Buenos Aires. El cronograma establecido por CAMMESA fija la publicación de resultados técnicos para el 16 de junio de 2026, la apertura de ofertas económicas para el 24 de junio y la adjudicación para principios de julio. El Estado no está administrando una licitación de infraestructura menor; está decidiendo quién controla el nodo de balance del sistema eléctrico nacional.
El precedente inmediato es el programa ALMA-GBA, que en su primera versión circunscripta al área metropolitana adjudicó 713 MW por más de USD 540 millones. La demanda desbordó las expectativas en esa instancia también. Lo que cambió en el salto al ALMA SADI es la escala: el almacenamiento ya no complementa el sistema, lo estructura.
El contexto geopolítico que rodea esta licitación añade densidad estratégica al proceso. En mayo de 2026, el gobierno completó la venta del 50% de CITELEC S.A. —la sociedad que controla TRANSENER con sus más de 12.600 km de líneas de 500 kV— a Genneia S.A. y Edison Transmisión S.A. por USD 356 millones, equivalente al 173% del precio base de USD 206 millones. El capital privado internacional pagó una prima histórica por el backbone de transmisión de alta tensión del país.
Tomados en conjunto, el ALMA SADI y la privatización de TRANSENER revelan un patrón: Argentina está cediendo control sobre dos capas críticas de su sistema eléctrico —transmisión y almacenamiento— en un marco de fuerte apetencia internacional. La pregunta estratégica no es si los inversores vendrán; ya están. La pregunta es con qué condicionantes regulatorios y de soberanía de red definirá el Estado la adjudicación de julio.
Escenarios a monitorear: la distribución regional de los 8.335 MW ofertados determinará si el SADI se balancea o si una sola zona concentra capacidad. El perfil de los adjudicatarios —nacionales versus internacionales— señalará el grado de dependencia tecnológica. Y la velocidad de ejecución post-adjudicación dirá si el programa traduce política energética en infraestructura real o queda como señal de mercado sin cadena de montaje.
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Analizo energía, precios y política sectorial como parte de un tablero geopolítico más amplio. Conecto movimientos internacionales, alianzas, regulación y recursos estratégicos para explicar cómo la energía redefine poder, inversión y posicionamiento regional.
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