Southern Energy pasa del anuncio a la obra con el primer gasoducto argentino dedicado al GNL
Entre el 7 y el 29 de abril de 2026, Southern Energy cerró los paquetes clave para llevar su proyecto de exportación de GNL a la obra física: el tendido del gasoducto, la compresión asociada y la ingeniería necesaria para abastecer a las futuras unidades flotantes de licuefacción en Río Negro.
- El 29 de abril de 2026, EconoJournal informó que la UTE Sicim-Víctor Contreras se quedó con la construcción del primer gasoducto dedicado a la exportación de GNL de la Argentina.
- El tramo previsto tiene 471 kilómetros, 36 pulgadas de diámetro y una capacidad de hasta 27 millones de metros cúbicos por día, según la cobertura de EconoJournal.
- Baker Hughes comunicó el 7 de abril de 2026 que suministrará tres turbinas NovaLT16, tres compresores centrífugos y servicios asociados para una estación compresora cerca de Allen, Río Negro.
- Harbour Energy describió en enero de 2026 a Southern Energy como un proyecto de dos buques FLNG y unas 6 millones de toneladas por año, con arranque previsto para fines de 2027.
Southern Energy dejó atrás la fase puramente declarativa y empezó a cerrar los paquetes que convierten un proyecto de exportación en infraestructura concreta. La señal más fuerte no es sólo la adjudicación del ducto: es la combinación entre obra civil, compresión y suministro de equipos críticos. En términos operativos, eso indica que el proyecto ya no depende sólo de una narrativa de largo plazo, sino de hitos contractuales que obligan a ejecutar.
Hay un matiz técnico importante. El gasoducto no transporta GNL; transporta gas desde Vaca Muerta hasta el sistema de licuefacción en la costa atlántica. Ese detalle importa porque separa la logística de midstream de la etapa industrial donde el gas se enfría, se almacena y se embarca. En proyectos de este tipo, la diferencia entre promesa y operación está en la coordinación de traza, compresión, servicios marinos y cronograma de puesta en marcha.
Para Argentina, el valor operativo es claro: más capacidad de evacuación, más certidumbre para monetizar gas de Vaca Muerta y una base física para exportar al mercado global de LNG. Pero el cuello de botella sigue siendo la ejecución: movimiento de suelos, montaje de la estación compresora, integración con las unidades flotantes y cumplimiento del calendario.
Señales a monitorear: avance de obra en la traza Tratayén-Golfo San Matías, definición del segundo paquete flotante de licuefacción y ritmo de instalación de la compresora de 46.000 HP. La próxima actualización esperable debería mostrar obra visible, no sólo nuevos anuncios.
- El tramo previsto tiene 471 kilómetros, 36 pulgadas de diámetro y una capacidad de hasta 27 millones de metros cúbicos por día, según la cobertura de EconoJournal.
- Baker Hughes comunicó el 7 de abril de 2026 que suministrará tres turbinas NovaLT16, tres compresores centrífugos y servicios asociados para una estación compresora cerca de Allen, Río Negro.
- Harbour Energy describió en enero de 2026 a Southern Energy como un proyecto de dos buques FLNG y unas 6 millones de toneladas por año, con arranque previsto para fines de 2027.
Southern Energy dejó atrás la fase puramente declarativa y empezó a cerrar los paquetes que convierten un proyecto de exportación en infraestructura concreta. La señal más fuerte no es sólo la adjudicación del ducto: es la combinación entre obra civil, compresión y suministro de equipos críticos. En términos operativos, eso indica que el proyecto ya no depende sólo de una narrativa de largo plazo, sino de hitos contractuales que obligan a ejecutar.
Hay un matiz técnico importante. El gasoducto no transporta GNL; transporta gas desde Vaca Muerta hasta el sistema de licuefacción en la costa atlántica. Ese detalle importa porque separa la logística de midstream de la etapa industrial donde el gas se enfría, se almacena y se embarca. En proyectos de este tipo, la diferencia entre promesa y operación está en la coordinación de traza, compresión, servicios marinos y cronograma de puesta en marcha.
Para Argentina, el valor operativo es claro: más capacidad de evacuación, más certidumbre para monetizar gas de Vaca Muerta y una base física para exportar al mercado global de LNG. Pero el cuello de botella sigue siendo la ejecución: movimiento de suelos, montaje de la estación compresora, integración con las unidades flotantes y cumplimiento del calendario.
Señales a monitorear: avance de obra en la traza Tratayén-Golfo San Matías, definición del segundo paquete flotante de licuefacción y ritmo de instalación de la compresora de 46.000 HP. La próxima actualización esperable debería mostrar obra visible, no sólo nuevos anuncios.
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Abordo operaciones de campo, automatización, seguridad y tecnología aplicada con criterio técnico y foco en resultados medibles. Mis notas parten de problemas concretos de ejecución y explican qué herramientas mejoran el desempeño en campo y con qué impacto.
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