Con el RIGI aprobado, TGS arma dos capas de infraestructura para Vaca Muerta
La resolución publicada el 13 de mayo de 2026 aprobó la adhesión al RIGI de TGS SD1 para ampliar el Tramo I del Gasoducto Perito Moreno. Sumado al proyecto NGLs anunciado el 12 de marzo de 2026, TGS busca resolver dos cuellos del midstream: evacuar más gas y monetizar sus líquidos.
La publicación de la Resolución 676/2026 el 13 de mayo de 2026 le dio a TGS SD1 la aprobación de adhesión al RIGI para ampliar el Tramo I del Gasoducto Perito Moreno. La obra agrega 14 millones de metros cúbicos por día de capacidad sobre la traza entre Tratayén y Salliqueló y encaja con una decisión previa: el 20 de octubre de 2025 el Gobierno había adjudicado la extensión del ducto con una inversión de US$700 millones, una expansión de 21 a 35 millones de metros cúbicos diarios y un ahorro anual superior a US$500 millones en importaciones.
El punto de fondo es que TGS no está empujando una obra aislada. Está armando una arquitectura de midstream para que el crecimiento de Vaca Muerta no quede frenado por la evacuación del gas. La ampliación del Perito Moreno apunta al cuello de botella más inmediato: sacar más volumen con capacidad firme y menos dependencia de combustibles importados en los picos de demanda.
La segunda capa apareció el 12 de marzo de 2026, cuando TGS anunció una inversión aproximada de US$3.000 millones para su proyecto NGLs. El plan incluye nuevas instalaciones de procesamiento en Tratayén, un poliducto de 600 kilómetros entre Neuquén y Bahía Blanca, una planta de fraccionamiento, una planta de almacenamiento de productos y obras complementarias en la terminal marítima para exportación.
EconoJournal agregó que ese proyecto fue diseñado para eliminar cuellos de botella técnicos en la Cuenca Neuquina y generar exportaciones anuales por US$1.200 millones. Leído en conjunto, el movimiento muestra que la discusión sobre Vaca Muerta ya no pasa solo por perforar más. También pasa por separar mejor el gas rico, transportar los líquidos con infraestructura propia y convertir ese crecimiento en exportaciones y flujo de caja.
El punto de fondo es que TGS no está empujando una obra aislada. Está armando una arquitectura de midstream para que el crecimiento de Vaca Muerta no quede frenado por la evacuación del gas. La ampliación del Perito Moreno apunta al cuello de botella más inmediato: sacar más volumen con capacidad firme y menos dependencia de combustibles importados en los picos de demanda.
La segunda capa apareció el 12 de marzo de 2026, cuando TGS anunció una inversión aproximada de US$3.000 millones para su proyecto NGLs. El plan incluye nuevas instalaciones de procesamiento en Tratayén, un poliducto de 600 kilómetros entre Neuquén y Bahía Blanca, una planta de fraccionamiento, una planta de almacenamiento de productos y obras complementarias en la terminal marítima para exportación.
EconoJournal agregó que ese proyecto fue diseñado para eliminar cuellos de botella técnicos en la Cuenca Neuquina y generar exportaciones anuales por US$1.200 millones. Leído en conjunto, el movimiento muestra que la discusión sobre Vaca Muerta ya no pasa solo por perforar más. También pasa por separar mejor el gas rico, transportar los líquidos con infraestructura propia y convertir ese crecimiento en exportaciones y flujo de caja.
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Analizo Vaca Muerta, la infraestructura energética y la eficiencia operativa con una mirada tecnocrática y estructural. Combino métricas de producción, logística y permisos para explicar dónde están las fricciones del sistema y qué rediseños pueden mejorar su rendimiento.
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