Neuquén cerró noviembre de 2025 con más petróleo y menos gas: la cuenca pide otra mirada regional
La serie oficial de Energía al corte de noviembre de 2025 dejó una señal concreta para Vaca Muerta: más crudo, menos gas y una presión creciente sobre la infraestructura que conecta producción, tratamiento y evacuación en toda la cuenca.
El cierre de noviembre de 2025 volvió a mostrar que la cuenca Neuquina debe leerse como un sistema regional antes que como una suma de bloques. Según la serie oficial de la Secretaría de Energía, el petróleo promedio diario alcanzó 103.372,88 m3/d, frente a 83.935,24 m3/d en noviembre de 2024, una suba interanual de 23,16%. En cambio, el gas promedio diario se ubicó en 85.311,81 mm3/d, por debajo de los 88.739,02 mm3/d de un año antes, con una baja de 3,86%.
La desagregación no convencional refuerza esa señal. En noviembre de 2025 la cuenca registró 713.538,88 m3 de shale oil y 2.015,83 m3 de tight oil, mientras que en gas anotó 1.915.676,72 mm3 de shale gas y 290.600,65 mm3 de tight gas. La escala siguió siendo alta, pero con un mix que empujó más al crudo que al gas dentro del principal polo productivo del país.
Ese desbalance vuelve a poner la infraestructura en el centro de la discusión regional. Cuando el petróleo gana peso y el gas pierde tracción, la conversación deja de ser solo productiva: ductos, plantas, tratamiento, agua, servicios y empleo pasan a depender de cómo la cuenca absorbe esa nueva composición sin sumar cuellos de botella.
La lectura útil para Vaca Muerta ya no es únicamente cuánto crece cada flujo, sino cómo se coordina el sistema que los sostiene. Si en los próximos cortes oficiales Neuquén profundiza su concentración petrolera sin recuperar gas, la agenda regional va a quedar menos ligada al volumen aislado y más a la capacidad de integrar producción, logística y planificación.
La desagregación no convencional refuerza esa señal. En noviembre de 2025 la cuenca registró 713.538,88 m3 de shale oil y 2.015,83 m3 de tight oil, mientras que en gas anotó 1.915.676,72 mm3 de shale gas y 290.600,65 mm3 de tight gas. La escala siguió siendo alta, pero con un mix que empujó más al crudo que al gas dentro del principal polo productivo del país.
Ese desbalance vuelve a poner la infraestructura en el centro de la discusión regional. Cuando el petróleo gana peso y el gas pierde tracción, la conversación deja de ser solo productiva: ductos, plantas, tratamiento, agua, servicios y empleo pasan a depender de cómo la cuenca absorbe esa nueva composición sin sumar cuellos de botella.
La lectura útil para Vaca Muerta ya no es únicamente cuánto crece cada flujo, sino cómo se coordina el sistema que los sostiene. Si en los próximos cortes oficiales Neuquén profundiza su concentración petrolera sin recuperar gas, la agenda regional va a quedar menos ligada al volumen aislado y más a la capacidad de integrar producción, logística y planificación.
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