La EIA recorta 27 dólares su pronóstico de Brent en un mes: la OPEP+ enfrenta su mayor desafío estratégico desde la prepandemia
El 29 de julio de 2026, la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA) publicó su informe mensual de perspectivas de corto plazo (STEO) y confirmó lo que los mercados ya venían descontando: el Brent atraviesa la corrección más pronunciada desde el inicio de la pandemia. La causa inmediata es geopolítica. El 18 de junio, Washington y Teherán firmaron un memorando de entendimiento que puso fin al conflicto en el Estrecho de Ormuz, la vía por la que transita cerca del 20% del crudo mundial. Con la prima de riesgo evaporada, el precio del Brent promedió 85 dólares por barril en junio, una caída de 22 dólares frente a mayo y de 32 dólares respecto al pico de abril, cuando el barril rozó los 117 dólares en medio de la escalada militar.
La magnitud del ajuste de la EIA es inédita en el ciclo reciente. El organismo rebajó su proyección para el tercer trimestre de 2026 en 27 dólares respecto al pronóstico de junio —la revisión mensual más agresiva registrada en años— y colocó el precio promedio esperado para 2027 en 65 dólares por barril, un nivel que implica la eliminación completa de la prima geopolítica y el retorno al régimen de superávit estructural que caracterizó al mercado antes del conflicto en Oriente Medio. El Banco Mundial confirmó la señal: su índice de precios de energía cayó 17,7% en junio, con el Brent liderando el retroceso con una baja mensual del 20,6%, la mayor del año.
La narrativa de inventarios refuerza la lectura bajista. La EIA estima que los stocks globales de petróleo se reducirán apenas 2,2 millones de barriles por día en el tercer trimestre de 2026, frente a los más de 7 millones proyectados un mes atrás. El diferencial expresa con precisión la velocidad a la que la oferta ha recuperado el terreno perdido: la reapertura de Ormuz no solo devolvió el flujo iraní, sino que aceleró el retorno de los volúmenes que habían quedado retenidos durante el conflicto.
La OPEP+ queda encerrada en un dilema estructural. Si mantiene los recortes actuales, pierde cuota de mercado frente a productores fuera del acuerdo —entre ellos Argentina, que incrementó su capacidad de evacuación. Si los profundiza, el costo político interno se vuelve insostenible para economías fiscalmente dependientes del barril. Si los levanta para recuperar volumen, el precio cae aún más.
Escenarios a monitorear. El primer umbral crítico está en el STEO de agosto: si la EIA mantiene o acentúa la revisión bajista, el mercado leerá la caída como tendencia, no como ajuste técnico. El segundo es la reunión del comité de monitoreo de la OPEP+ prevista para agosto; una posición defensiva del bloque podría frenar temporalmente la baja, pero no revertir el cambio de régimen. El tercero es la evolución de los inventarios en el Golfo Pérsico: si la restitución de oferta iraní supera las proyecciones, el piso de 65 dólares para 2027 podría probarse antes de lo esperado.
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