El flaring de Vaca Muerta triplicó en diez años y la intensidad de metano duplica el promedio global antes del arranque del GNL
La expansión de Vaca Muerta tiene un costo ambiental que los mercados internacionales están comenzando a medir con precisión instrumental. Mediciones con cámaras termales realizadas por Earthworks en 2026 registraron 14 puntos de emisión activos en la región neuquina y 8 adicionales en el área de Bahía Blanca, evidencia directa de que el crecimiento de la producción no convencional no fue acompañado por inversión proporcional en control de emisiones fugitivas.
El dato estructural es más grave: el volumen de gas quemado en antorchas (flaring) aumentó más del 300% entre 2015 y 2025, en paralelo exacto con la curva de producción de la cuenca. La intensidad de metano de las operaciones de petróleo y gas en Argentina es, según esas mismas mediciones, aproximadamente el doble del promedio global. Esa brecha no es un problema ambiental abstracto: es una variable de precio que los compradores europeos de GNL ya exigen declarar y certificar.
Las emisiones de metano del sector energético argentino alcanzaron 25.106 ktCO₂e en 2022. Las proyecciones elaboradas en ese período estimaban que llegarían a 35.000 ktCO₂e en 2025, un incremento del 39% impulsado por la expansión de Vaca Muerta. Si esa trayectoria se confirmó, Argentina llega a la ventana exportadora de GNL con una huella de metano que ninguno de sus competidores directos —Qatar, EE.UU., Australia— acepta presentar sin certificación de terceros.
El umbral de 2027
Los buques de licuefacción Hilli Episeyo y MKII de Southern Energy están previstos para iniciar operaciones en 2027, junto con el gasoducto Vaca Muerta Oil Sur de más de 400 km hacia Punta Colorada en el Golfo San Matías. Esa infraestructura convierte el problema de intensidad de metano en un riesgo comercial concreto: los contratos de exportación a mercados europeos exigen cada vez con mayor frecuencia certificación de emisiones, y la Regulación de Metano de la Unión Europea establece umbrales que los importadores deben verificar cadena arriba.
Restricción técnica, no solo reputacional
La brecha no es una cuestión de imagen corporativa. La regulación europea de metano, en vigor desde 2024 con fases de implementación hasta 2027, obliga a los importadores a presentar equivalencias de intensidad de metano. Un GNL con intensidad de metano dos veces superior al promedio global enfrenta dificultades de colocación o ajustes de precio que erosionan el margen de exportación.
Las señales a monitorear son precisas: publicación de un plan de reducción de flaring por los principales operadores de Vaca Muerta con metas verificables antes de 2026; avance de Argentina en la suscripción al Global Methane Pledge, al que aún no adhirió de forma vinculante; resultado de las mediciones satelitales de TROPOMI sobre la cuenca durante el invierno austral 2026, período de máxima producción; y términos de certificación incluidos en los primeros contratos firmados con compradores europeos de los buques de licuefacción previstos.
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