El crudo revierte la baja post-MOU: Brent a US$96 y WTI a US$91 en la primera semana de septiembre
El mercado global de crudo cerró la primera semana de septiembre de 2026 con una señal inequívoca: la distensión diplomática entre Washington y Teherán no eliminó el riesgo de oferta del Golfo Pérsico. La Agencia de Información de Energía de Estados Unidos (EIA) registró que el WTI (Cushing, Oklahoma) pasó de US$83,90 el 25 de agosto a US$91,48 el 1° de septiembre, un avance del 8,9% en seis jornadas hábiles. El Brent europeo recorrió el mismo tramo de manera sincronizada: de US$88,24 a US$96,02, acercándose al umbral psicológico de los cien dólares con un alza del 8,8%.
El rebote invierte en semanas la narrativa que la firma del Memorándum de Entendimiento EEUU-Irán construyó en junio. Ese acuerdo, anunciado el 18 de junio, había comprimido el Brent desde un pico de US$105,32 el 23 de julio hasta US$91,82 el 27 de ese mismo mes. La EIA llegó a proyectar entonces un crudo promedio de US$74/barril para el tercer trimestre y US$65 para el conjunto de 2027, una reducción del 18% frente a sus pronósticos anteriores. El mercado interpretó la diplomacia como un seguro de oferta permanente. Los precios de septiembre demuestran que esa interpretación fue prematura.
El Banco Mundial aporta el contexto de largo plazo. Su índice de precios del crudo registró una suba del 5,7% en agosto de 2026 y el índice energético general avanzó 8,8% en el mismo mes. Ambas métricas superan el escenario base de US$86/barril que la institución proyectó en su Commodity Markets Outlook de abril. El nivel de US$96 de septiembre excede ese piso en un 11,6%, situando al crudo en un rango que la mayoría de las proyecciones institucionales no anticiparon para este punto del año.
La consecuencia estratégica para Argentina es directa. Vaca Muerta opera en un contexto de crudo sostenido por encima de los umbrales de rentabilidad para exportación. Cada semana que el Brent permanece por encima de US$90 amplía la ventana para que los productores no-OPEP consoliden contratos a largo plazo antes de cualquier nueva ronda de negociación diplomática en el Golfo. La fractura entre el discurso de distensión y la dinámica real del mercado devuelve al crudo su función histórica: termómetro de la pugna por el control energético global.
Señales a monitorear: la evolución de los flujos navales en el estrecho de Ormuz, el ritmo de reactivación de producción iraní bajo el MOU y cualquier ajuste de la OPEP+ al calendario de recuperación de cuotas para el cuarto trimestre de 2026.
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