Vaca Muerta Sur eleva la evacuación a 600.000 b/d en el Q4 de 2026, pero el salto al millón de barriles exige financiar un 67% más de capacidad

La entrada en operación de Vaca Muerta Sur en el cuarto trimestre de 2026 elevará la capacidad de evacuación argentina de 420.000 a 600.000 barriles diarios. Para alcanzar el millón de barriles que define el programa exportador, el sistema deberá crecer un 67% adicional desde ese nuevo piso: un salto que depende del cierre del financiamiento de US$1.700 millones con cinco bancos y de la operación plena de la terminal marítima.
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El sistema de evacuación de Vaca Muerta opera hoy con una capacidad instalada de 420.000 barriles diarios: Oldelval aporta 310.000 b/d hacia Bahía Blanca y Otasa 110.000 b/d hacia Chile. La puesta en marcha inicial de Vaca Muerta Sur, prevista para el cuarto trimestre de 2026, sumará 180.000 b/d a ese total y lo llevará a 600.000 b/d —un incremento del 43% sobre la infraestructura preexistente—, con una capacidad plena proyectada de 700.000 b/d para 2030. El dato de producción que define el contexto: en agosto de 2024, Vaca Muerta registró su pico histórico de 725.000 barriles diarios. El consumo doméstico se mantuvo estable alrededor de los 500.000 b/d, dejando un volumen exportable de 225.000 b/d en ese momento. Para que las exportaciones de crudo alcancen los 400.000 b/d que la ecuación exportadora requiere, la producción debería superar los 900.000 b/d de forma sostenida —nivel que Aleph Energy estimaba alcanzable antes de finales de 2025—, al tiempo que la capacidad de evacuación debe acompañar ese crecimiento sin crear nuevos cuellos de botella.

La brecha que Vaca Muerta Sur no cierra es precisa: entre los 600.000 b/d de capacidad que sumará en el Q4 2026 y el millón de barriles diarios que define el programa exportador oficial, el sistema debe crecer un 67% adicional. Ese salto no es solo de ductos: implica sincronizar expansión de bombeo, almacenamiento intermedio y la operación plena de la terminal marítima. Según información de Bloomberg Línea, el financiamiento del proyecto alcanzó los US$1.700 millones en negociación con cinco bancos, con aprobación bajo el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI). El cierre de ese financiamiento es la variable que condiciona el resto del cronograma.

En el plano de la inversión, YPF mantuvo niveles consistentes de capital en Vaca Muerta: US$3.300 millones de un Capex total de US$5.000 millones para 2025, en línea con los US$5.041 millones de 2024 y los US$5.299 millones de 2023. Las exportaciones de crudo entre enero y agosto de 2024 promediaron 177.000 b/d e ingresaron US$3.582 millones, lo que ubica al superávit energético del período en US$4.221 millones. La meta oficial para 2030 —sumando GNL— es un superávit de US$30.000 millones, un múltiplo que requiere escalar la cadena de evacuación completa, no solo la producción.

La variable estructural que define el próximo ciclo de inversión es el cierre del tramo financiero de Vaca Muerta Sur y la habilitación plena de la terminal marítima. Si esos dos componentes se resuelven antes de que la producción supere los 700.000 b/d —previsiblemente en el primer semestre de 2027—, el sistema tendrá margen para absorber el crecimiento sin restringir el ritmo de perforación. Si el financiamiento demora, la capacidad instalada operará como techo antes que como plataforma: el siguiente tramo del millón de barriles habrá de esperar a una segunda ronda de decisiones de infraestructura.

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Analizo Vaca Muerta, la infraestructura energética y la eficiencia operativa con una mirada tecnocrática y estructural. Combino métricas de producción, logística y permisos para explicar dónde están las fricciones del sistema y qué rediseños pueden mejorar su rendimiento.
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